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15 agosto 2010

PREVIAS

Normalmente, las previas me gustan: la previa antes de bailar, la previa antes de ver un partido de fútbol, la previa antes de ir a una fiesta, incluso la previa antes de ir a un boliche, aunque prácticamente yo no tome alcohol. La previa antes de una carrera de esquí, no tanto... pero la que realmente me mata, es la previa antes de viajar. Más si se trata de este tipo de viaje.

En marzo, casi me muero el día anterior a irme sólo por haber intentado vencer la nostalgia y la tristeza durante tanto tiempo con un semblante fuerte. Por suerte, hoy no me sucede lo mismo, porque sé con bastante seguridad adónde me dirijo: a seguir viviendo mi nueva vida. Y eso es algo que me encanta.

Por supuesto, sería mucho mejor si pudiera llevar conmigo a todas las personas que aprecio infinitamente; más de una vez me pregunté por qué San Martín no estará más cerca de Buenos Aires. Pero, por otro lado, si así fuera, no sería lo mismo.

La distancia es dura, ciertamente. Pero a su vez, logra generar una sensación tan particular al momento del recibimiento, tan esperado, tan ansiado, que resulta capaz de alegrarnos de una forma única.

En cuanto a mí... yo ya estoy esperando ese recibimiento, que llegará dentro de unos pocos meses. Mientras tanto, ¡a vivir la vida nueva! Que me fascina.

19 junio 2010

un año ya.



Ayer me enteré que ya viajaban los FELC 2010...
¡qué increíble cómo pasa el tiempo!

Hace un año estaba en esta misma ciudad, pero no para quedarme, sino para ir más allá y vivir una experiencia ÚNICA e IRREPETIBLE.

Hace un año conocía a una nueva amiga, una persona divina, Lucila, que resultó ser la mejor compañera de viaje que podía tener.

Hace un año viajaba con ella por primera vez a otro país, solas, poniendo a prueba toda nuestra capacidad para manejarnos en medio de un ambiente completamente nuevo, dentro del cual conocería a gente maravillosa.

En fin...
hace un año, el mérito se hacía más propio que nunca.

21 septiembre 2009

Estar más allá...
¡qué genialidad de concepto!

Increíble como un viaje de diez horas entre ida y vuelta pueden acercar más que toda una vida rutinaria compuesta de miles de viajes de quince minutos.
Conócete a tí mismo, conoce a los demás,
conmuévete con sus historias, conmuévelos con las tuyas, pero no pierdas en razón de ello aquello que te pertenece, que te es propio, que es "incompartible": tu identidad.

Difícil es la vida del escritor que, aunque quisiera lo contrario, no puede evitar sumergirse en la soledad innata que lleva consigo... Es como una especie de droga. Fundamental.
¡Cuántas veces me habrán dicho que reservarlo todo no es bueno!
Pero tampoco lo es extrapolar cada detalle de lo que nos pasa a todas horas.
¿Será egoísta aquel que calla?
Quizás eso piensen algunos...
Mi concepción es bien diferente. En realidad se trata de impedir que nuestra identidad se nos escape de las manos, pues ella se conforma de pequeñas cosas que prefieren ser guardadas...
Si dejaran, por el contrario, de ser secretos, ya no nos pertenecerían únicamente a nosotros mismos, sino que serían patrimonio colectivo.

Y no hay cosa peor en el mundo que perder aquello que es tan nuestro.

Decir, contar, comentar... ¡cuántas veces resulta ser más inteligente quien no dice nada!
El silencio no siempre es sinónimo de cobardía. Pocos lo entienden. Pocos lo saben.
Pocos lo consideran como un signo de paciencia (¡La paciencia! ¡Qué virtud tan perfecta!),
como un signo de tranquilidad, de espera, de no impotencia.
Pero ante todo, como un signo de cálculo; es casi imposible adivinar con certeza todo lo que pasa por la mente de aquellos que en silencio esperan...
¿Qué esperan? Sólo ellos lo saben.

Esa capacidad de resistir conteniéndolo todo durante tanto tiempo es la verdaderamente envidiable. ¿Por qué? Pues porque requiere de una fuerza interna capaz de soportar la lucha entre decir y callar...

Una fuerza lo suficientemente potente que permita, precisamente, estar más allá.