Mostrando entradas con la etiqueta esas pequeñas cosas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta esas pequeñas cosas. Mostrar todas las entradas

18 mayo 2011

Cine y Libros.

"La emoción dramática sirve de escape para sus propias emociones, tensamente controladas."

Ella/Yo.

25 marzo 2011

Me gusta.

"Me gusta ver cómo bajas los ojos cuando sonríes con timidez.
Me gusta ver cómo llevas tu mano hacia el cuello para hacerte un pequeño masaje cuando intentas deshacerte de la inseguridad que te provoca quedarte quieta.
Me gusta ver cómo miras la hora y acomodas una y otra vez el reloj de tu muñeca izquierda sólo por hacer algo, y evitar así demostrar que estás nerviosa.
Me gusta ver cómo te mueves con cuidado, haciendo gala de la suavidad y la gracia adquirida quizás por la danza, para disimular tal vez aquellos pequeños indicios de torpeza innata que sabes que tienes y buscas esconder.
Me gusta ver cómo mueves una y otra vez tu pelo, largo hasta la cintura, intentando controlarlo y disminuir la incomodidad que te provoca.
Me gusta ver cómo me miras cuando fijas los ojos en los míos, atenta, como si pudieras rescatar en ellos algún significado oculto que mis palabras no logran exponer.
Me gusta ver el movimiento de tus largas pestañas cuando levantas con parsimonia los párpados, un sutil efecto que sólo yo, que aprecio cada uno de tus movimientos, alcanzo a ver."

24 marzo 2011

No entiendo a los hombres, por Josué Barrera.

¿Por qué los hombres son tan estúpidos? Si ellos dicen que no entienden a las mujeres, yo puedo decir lo mismo. Son tan contradictorios, realistas, fríos, que me cuesta trabajo creer cuando dicen que sienten algo por mí. ¿Por qué me dices tal cosa?, termino preguntándoles a cada uno para luego mirar la manera en que no responden.

Ahora, por ejemplo, no llevo más de diez minutos sentada en esta mesa del Samborns, y ya he sentido la mirada insistente de tres hombres. Los tres me vieron antes de que eligiera la mesa. Estoy segura que sólo bastaría mirarlos de vuelta para que después me sigan cuando me levante de la mesa y me dirija al baño y se interpongan en la puerta para preguntarme mi nombre. Lo digo porque ya me ha pasado. Los hombres no son ninguna caja de sorpresas. Puedo predecir cada uno de sus movimientos. Sus pensamientos no, porque como dije, suelen se contradictorios. Dicen algo y hacen lo otro; en eso se parecen a nosotras las mujeres.

Cada tarde es igual, sin excepción. Después del trabajo entro a Samborns, me siento en cualquier mesa disponible y eso basta para ser asediada por varios hombres. Son muy evidentes. Los odio. Sin embargo, no me molesta ser el centro de atención de vez en cuando. En ocasiones compro una revista antes de llegar, llevo algún libro que tenga pendiente o traigo este cuaderno donde escribo y que me hace ver, en eso no tengo duda, interesante. Todos han de creer que soy escritora porque cuando escribo lo hago sin descanso, se me sueltan las palabras (quizá sea por el café o el azúcar), se liberan las ideas y escribo hasta sentir que alguien me mira, entonces lo ubico y empiezo a mirarlo y a imaginar todo lo que haría y dejaría por estar conmigo.

En mi cuaderno suelo escribir las historias que los demás imaginan de mí, o las que me gustaría que imaginaran o que sucedieran en realidad. Como estoy segura que todos creen que soy una prostituta (aunque lea o escriba soy una mujer sola que va cada tarde y que mira con atención a los demás), escribo historias de prostitutas. Siempre soy la protagonista, siempre acepto la invitación de subirme al auto de quien me invite a pasear y siempre termino en un motel con un desconocido.

Mi cuaderno lo escondo bien, no vaya ser que mi madre o mi hijo lo descubran y vayan a pensar algo que no es. Aclaro: nunca he sido como la protagonista de mis historias, nunca me he subido a ningún auto y mucho menos he terminado en la cama acompañado de un desconocido. Si lo he escrito es porque puede ocurrir en cuanto lo permita, y eso puede ser en cualquier momento porque en cualquier momento hay hombres dispuestos, como el de ayer que me siguió hasta la salida de la tienda para decirme si quería ir a pasear. Por supuesto le dije que no, gracias, en medio de una sonrisa. Insistió diciéndome otras cosas, pero yo me quedé con la misma respuesta. Me dirigí al auto y subí de prisa. Antes de encenderlo miré que el hombre aún seguía en el mismo lugar. Me dio lástima, mucha lástima. Imaginé su vida, sus carencias, lo que lo había llevado a realizar ese tipo de petición. Me dio lástima pero a la vez disfruté mirarlo de ese modo. Me sentí deseada, atractiva, capaz de despertar ese tipo de emociones.

Cuando llegué a casa, abrí con apuro mi cuaderno y escribí que aceptaba su invitación y que me llevaba a un motel donde teníamos relaciones de una manera atroz, violenta, sin pudores. Al terminar la historia me sentí agotada y me di un baño con agua caliente. Dentro de la tina imaginé que aquel hombre me acariciaba.

Ahora he venido al café con un mínimo de esperanza de verlo, aunque sé que ese tipo de hombres no vuelven, desaparecen en seguida; lo sabré yo. Confieso que me gustaría verlo para que me hiciera de nuevo la invitación y disfrutar gozosamente su mirada. Le diría que claro que no, que cómo se atreve, que qué estúpido, pero lo vería y lo escucharía con atención para así alimentar mis historias que me hacen sentir, de una u otra manera, más viva, más deseable, más mujer.




¡Muy bueno!

15 marzo 2011

Vesna, un fragmento de mi futura respuesta.

"[...] alguna vez espero hacerlo [...] Escribir algún cuento, algún texto y mandar(te)lo. Por compartirlo, por creer que puede compartirse. No sé... quizás seamos las Tolkien-Lewis del futuro."

Vesna Alic.

Quizás lo seamos, ¿no? Una versión femenina, un poco más moderna, indudablemente sin la capacidad de Tolkien (en mi caso) para poner tantos nombres a cada uno de sus gloriosos (y centenares de) personajes (desgraciadamente, aunque disfrute mucho escribir, ya me di cuenta que soy MALA para elegir nombres y poner títulos), ni con su capacidad creadora o la genialidad fantástica de Lewis, pero sí con el mismo fervor hacia las letras y, principalmente, la amistad.

¡Gracias por esa analogía tan maravillosa, amiga!

Un halago increíble, o mejor dicho una aspiración: Tolkien y Lewis.

07 febrero 2011

Pensadero.

Estoy con una ENORME cantidad de pensamientos, producto de los más diversos temas, yendo y viniendo por mi cabeza sin parar. No me dan descanso. Se trata de miles de cosas que intento entrelazar para lograr aunque sea aliviar el constante trabajo de la mente, pero no tienen nada que ver entre sí y por eso se complica.

"A veces me parece, y estoy seguro de que tu también conoces esa sensación, que tengo demasiados pensamientos y recuerdos metidos en el cerebro [...] En esas ocasiones [...] uso el pensadero: no hay más que abrir el grifo de los pensamientos que sobran, verterlos en la vasija y observarlos con detenimiento. Es más fácil descubrir las pautas y las conexiones cuando están así [...]"

Dumbledore, "Harry Potter y el cáliz de fuego"

23 enero 2011

Intriga.

Me intriga, me intriga. Aunque ya no me afectes de igual manera, aunque esté dejándote ir de una forma que jamás me hubiera creído capaz, la intriga sigue estando presente...

Como de alguna manera lo estás vos.

No como antes, eso seguro, pero aún así, ¡aún así! No deja de intrigarme.
¿Lo sabrás? Es cierto que he luchado la mayoría de las veces para no demostrarte nada, para no ser evidente. ¿Realmente habré tenido éxito? ¿De verdad no imaginaste ni imaginas nada?

No lo sé...
A veces, cuando repentinamente apareces en mis pensamientos (y digo "repentinamente" porque ya no te invoco como antes, lo que constituye uno de los avances más grandes que he logrado en lo que a tu persona respecta), ya sea porque te mencionen o te lea en alguna parte, inevitablemente comienzo a atar cabos... y siempre llego a la misma conclusión: que podrías, como también no, saber lo que me pasa, me pasaba, con vos.

Por cobarde, nunca lo pregunté.
Por valiente (sí, valiente, dado que es más difícil vivir con esta duda que tratar de encontrar una certeza), quizás nunca lo haga, ya sea para no desmoronar mi mundo, como para no sacudir el tuyo. Porque, creo, para vos no sería más que eso: una simple sacudida... O quizás no. Las ilusas e ingenuas como yo, en estos temas, no perdemos la esperanza. Pero no lo digo ni por ilusa, ni por ingenua, sino porque (creo) te conozco lo suficiente para saber que sos una persona increíble, una buena persona, una persona capaz de comprender y hasta apreciar cualquier tonta confesión de sentimientos proveniente de alguien como yo, que no suele hacer declaraciones de este tipo.

Es cierto, últimamente me has desilusionado un poco... casi no me diriges la palabra. Ya sé que no tengo que tomarlo como algo personal, porque aparentemente la relación es casi inexistente de tu parte... De hecho, yo tampoco te hablo si puedo evitarlo. Pero no termino de entender el porqué. Tu porqué.

El mío, está más que claro: cuanto menos atención te presto, menos me angustio, menos me acuerdo de todo lo que provocas en mí.

¿Pero el tuyo? ¿Cuál es tu razón? Si realmente no sabés nada, ¿qué necesidad hay de actuar conmigo de esa manera? Repito: sé que no tengo que tomarlo como algo personal. Dudo que vos lo veas así. Pero... me intriga. No es que actúes mal conmigo ni mucho menos, pero noto ciertas actitudes que me hacen sospechar que, ya sea por decisión propia o debido a influencias, de alguna manera, vos también me evitas.

La incertidumbre me mata. Quizás todas estas suposiciones estén completamente erradas, exageradas, y sólo sean el resultado de una cabeza que no hace otra cosa que darle vueltas y vueltas a lo mismo una y otra vez... Pero no lo sé.

No sé si lo sabré.

Y me intriga.

10 diciembre 2010

Dálivas

Hay diferentes tipos de dálivas en La historia de Lisey. Dálivas "buenas" y Dálivas "sangrientas".

Una dáliva buena es un juego, similar a la búsqueda del tesoro. Mediante diversas pistas -estaciones de la dáliva- se llega a un premio oculto [...]

Pero también están las dálivas sangrientas que sirven para quitarse El Mal Rollo* de encima. En estas, el afectado se produce cortes, desde ligeros hasta llegar a la automutilación. Cuando automutilarse no es suficiente, se le realizan cortes a otras personas [...]


*Es maldad pura. Con frecuencia se apodera de las personas por breves lapsos, que desaparece al producirse cortes. No obstante, el mal rollo puede llegar a ser tan potente como para terminar con todo lo humano en una persona y convertirla en un monstruo.



La creatividad absolutamente intensa de Stephen King me conmueve de una manera ÚNICA.

12 octubre 2010

Stephen King escribió:

"La pregunta que me obsesiona y me acosa y que nunca me abandona totalmente es: ¿Quién soy cuando escribo?"

Si tuviera que responder, diría algo así:

'Soy mi propia alma,
mi propia mente;
soy pura ficción y, a la vez,
pura realidad;
soy toda imaginación,
toda espíritu, sin materia,
sin cuestiones físicas que me limiten
o se establezcan como fronteras;
soy soñadora, muy,
tanto que por instantes me vuelvo omnipotente;
soy completa inspiración.
Sin obligaciones, sin un contexto,
sin otro mundo que me rodee que
no sea más que el de mi propia creación,
podría decir que cuando escribo entonces
soy, simplemente, yo.'

24 julio 2010

Leer

Leer siempre ha sido una de las cosas que más disfruto hacer. De hecho, desde muy chica empecé a hacerlo porque me intrigaba todo lo que un libro podía significar. Por supuesto, empecé con los pequeños cuentos típicos para niños, donde los personajes vivían ingenuamente (tal como lo hacía yo en ese entonces) y sus historias tenían finales felices. Pero luego, a medida que iba tomándole el gusto a la actividad, comencé a interesarme por libros más gordos, aquellos que no pudiera leer en un sólo día, sino que implicaran más de tiempo.

¿Cómo olvidar el primer libro "gordo" que leí? Si bien al principio me atrapó por lo fascinante y a la vez simple de su historia (luego entendería que, detrás de su escritura infantil, son infinitas las cosas que se pueden rescatar de él), "EL PRINCIPITO" generó en mí una conexión extraña, conexión que hacía que lo tomara y lo leyera una y otra vez... Sin duda, ese libro me motivó para que siguiera leyendo otros, porque fue tanto lo que me gustó, que hizo que le tomara aún más el gusto a esa lectura 'extendida'.

Luego, llegó "MUJERCITAS", un clásico entre nosotras... Simplemente divino. Y después, un día, me llamó la atención la tapa de un libro que le habían regalado a mi hermano hacía poco: "HARRY POTTER Y LA PIEDRA FILOSOFAL"; en el momento en que mis ojos recorrieron la primera línea, comenzó mi adicción por esa saga, a la cual también me unió un inmenso cariño, pues se trató nada menos que de la historia de ciencia ficción con la que crecí, con la que maduré... Esperar la publicación de esos libros formó gran parte de mi niñez y adolescencia.

Sin embargo, no es mi idea contar lo que cada libro leído significó para mí, porque creo que cada uno se merece su respectiva entrada en este blog. Viéndolo bien, quizás el título de esta nota no debería ser "Leer", sino "Terminar de leer".

Soy muy sincera cuando digo que leer me puede. Incluso, soy muy especial a la hora de hacerlo: no puedo leer en un viaje de treinta minutos en un colectivo, ni durante los cinco minutos libres que tengo antes de entrar a una clase de danza; me gusta leer recostada cómodamente en mi cama, a la hora de la siesta, o por la noche antes de dormir. Como si se tratara de una especie de ritual (algo similar podría decirse que me pasa con el cine, adonde puedo ir solamente con ciertas personas... pero de eso hablaré en otro momento).

No sé a qué se debe, pero me da la sensación que de esa manera logro apreciar más al libro, logro concentrarme con mayor fuerza y, por sobre todas las cosas, logro respetar a la historia que cuenta, sin distracciones o externalidades que pudieran afectar su desarrollo.

Honestamente, soy una apasionada total de la ciencia ficción; es mi debilidad. Lo monótono y rutinario de la vida real me aburre la mayoría del tiempo. Soy soñadora. Soy capaz de abstraerme y dar rienda suelta a la imaginación, a la fantástica imaginación. Es cierto, algunas veces este mundo aparte dentro de mi cabeza me juega malas pasadas, pues limita aquellas cosas que pueda apreciar de la realidad (de hecho, la mayoría de las cosas que más estimo son aquellas que tienen alguna conexión con ese 'más allá' de lo real)... Pero no puedo evitarlo.

Precisamente eso es lo que me atrae de los libros: el hecho de hundirme de lleno en una historia ficticia. Abrir un libro es abrir un mundo. Y abrir ese mundo me llena de felicidad.

Pero dije que el título de la entrada al parecer no se condice demasiado con la entrada en sí, y que "Terminar de leer" sería un encabezado más apropiado. ¿Por qué? Pues porque así como abrir un libro es abrir un mundo, y abrir ese mundo me llena de felicidad, cerrar el libro significa decirle adiós a dicho mundo, y decirle adiós me abruma con tristeza...

Sí, no puedo evitarlo: cada vez que termino un libro, me aflijo muchísimo. Es como si se tratara de una despedida. La sensación de abatimiento me desborda.

¡Y yo que me considero muchas veces fría en la realidad! Fría, ojo, no insensible. "Fría" si lo entendemos como la capacidad de permanecer entera ante las situaciones más desequilibrantes.

Pero no me sucede así con la ficción. Quizás el hecho de encontrarme sola frente al libro, sin nadie observando, sin nadie real acompañándome, hace que leer la última página me afecte tanto...

Y la melancolía me dura un tiempo... el tiempo que tardo en tomar otro libro.

10 febrero 2010

perfección

"Soy esclavo de un rigor perfeccionista; hasta un error de mecanografía me altera como un error de creación."

Gabriel García Márquez
Somos dos, amigo.

30 noviembre 2009

SORPRESA

Sorpresa,
eso fue lo que experimenté hoy.
Sorpresa,
a la hora de
mirar,
buscar,
escribir.
Incluso al momento de recibir.
En la bandeja de entrada, ¡WOW!
un mail inesperado.
Un correo
demasiado intrigante,
demasiado fascinante,
demasiado esperado
como para abrirlo y romper la ilusión.
Porque sí, absolutamente sí,
lo sabía, sabía que no podía ser nada fuera de lo normal;
esas cosas no suelen sucederme.
Aún así,
fue interesante ver cómo, realmente,
cuanto menos pensamos en algo,
sucede.
Aunque luego se tratase, finalmente,
de una trivialidad,
un comentario común y corriente,
debo admitirlo:
no dejó de ser una sorpresa.

21 febrero 2009

crepúsculo, luna nueva, eclipse, amanecer,

No lo puedo creer. Acabo de terminar lo que fue mi adicción de este verano: la saga CREPÚSCULO. Qué feliz estoy de haberla hecho durar lo suficiente para abarcar los dos principales meses de las vacaciones (bueno, los dos principales meses de mis vacaciones): enero y febrero; pues, fue durante su transcurso donde terminé de relajarme de forma completa. Nada de horarios que respetar, nada de trabajos que hacer, nada de nada. NADA. Sólo tiempo para mí y para las cosas que quise hacer. Nada más.
Y bueno, estos libros resultaron ser una gran compañía para mí. Simplemente los adoré. No por tratarse de grandes obras de la literatura, sino por permitirme escapar de la realidad para sumirme de lleno en su mundo de fantasía; por permitirme soñar; y, sobre todas las cosas, por tratarse de una fuente inagotable de inspiración. Inspiración para mí.
Generalmente, me entristece muchísimo terminar de leer una saga. Se trata, sin duda, del cariño que le tomo a los personajes y a sus propias historias. Pero, esta vez, a diferencia de otras, no me siento triste. Nostálgica, sí, puede ser, pero no triste. En ocasiones anteriores, llegué a sentirme ausente, con los pies en el aire y no en el suelo, con la mente vagando más allá de la realidad... Y es que más de siete años leyendo Harry Potter, esperando con ansia que se publicara el siguiente libro, se volvió parte de mi vida, y cuando eso terminó, fue un golpe duro. ¡ZAZ! A la realidad nuevamente. Ningún octavo libro que esperar. Ninguna "posible" próxima historia que suponer. NADA. Sólo aquel vacío, y solamente aquella vaga sensación de falso bienestar al pensar: "Bueno, siempre se puede volver a leer todo otra vez, intentar olvidar los finales, las conexiones, los detalles que parecían menores y no resultaron serlo... en fin, intentar olvidarlo todo, y empezar como si fuera la primera vez". Y eso que el final de Harry Potter deja un pie para que los lectores puedan retomar los libros una y otra vez, pues no es devastador, sino todo lo contrario (aunque, como dije antes, no impide sentir esa sensación de vacío). No, el que resulta devastador (y probablemente sea así por tratarse del mejor de los finales, sin ninguna duda) es El Señor de los Anillos. Todo parece tan difícil, tan arriesgado, tan imposible... Y, sin embargo, se triunfa, ¡y qué manera de triunfar! Pero no, su historia no se lleva a cabo por personajes insensibles, ni mucho menos... Son tan irreales (elfos, enanos, ents... ¡hasta los hombres!), pero a la vez son tan reales. Su misión los deja a todos con sensaciones incurables (sobre todo en lo que respecta a Frodo)... No es un libro con un final "vivieron felices para siempre", aunque sí apunta a ello. Pero eso es lo que lo hace tan real: las marcas del pasado no se borran con facilidad, sino que permanecen, y hasta prevalencen sobre las otras. Creo que eso hace que el final sea ÚNICO: que se triunfe, pero se lamente por siempre las pérdidas. Que no sea enteramente "feliz", sino "real". Y considero que también es esa característica la que hace a esta saga tan particular, tan emocionante al empezarla, tan adorada al leerla, y tan devastadora al terminarla. La nostalgia cuando se la termina, ya sea por primera vez, segunda, o décima quinta, siempre es la misma. Es idiota, pero no hay vez que no tenga la sensación de que Frodo no se va a marchar al mar para siempre... La misma sensación que me rodea cuando veo la tercera película de STAR WARS y espero prácticamente convencida que Anakin no se vuelva al Lado Oscuro.
Pero no es de todo eso de lo que quiero hablar, sino de lo que sentí hace apenas unos pocos instantes tras terminar de leer "Amanecer". No fue un final sorprendente ni inesperado, sino más bien predecible. Pero aún así, y contra todas mis iniciales expectativas, este tipo de final me dejó satisfecha. Los libros de por sí lo hicieron, pero temía encontrarme con un tonto final feliz que arruinara todas aquellas partes asombrosas que los conforman, aquellas situaciones no esperadas, aquellos comentarios y pensamientos únicos y propios de dichos libros. Pues no, no fue así. ¿Será porque un verdadero final feliz era lo que yo esperaba? Suelo tildar de "ingenuos" o "demasiado inocentes" a estos tipos de finales. Pero, a la larga, con estos libros, fui dándome cuenta cuenta que tras tantas complicaciones, tras tantos disgustos, tras tanto dolor o incluso tras tanta alegría, eso era todo lo que quería leer: un final feliz. Y eso es lo que da "Amanecer" a esta apreciada saga. Y bien merecido.